Los traumas y heridas, sobretodo cuando se producen en la infancia, generan una sensación de soledad, impotencia, miedo y, desesperanza que nos causa un enorme sufrimiento. Cuando somos pequeños la influencia de nuestros padres, hermanos, profesores y, compañeros es enorme, porque actúan como si fueran espejos en los que nos miran. Aprendemos a vernos como ellos nos ven, aprendemos a valorarnos como ellos nos valoran y, lo que es aún más sorprendente, acabamos creyendo que es lo normal (DR Mario Alonso Puig).
Este fragmento del libro “El camino del despertar”, me ha hecho reflexionar de lo importante que somos los docentes en el crecimiento de un niño o un adolescente, que aún no está formado como persona. Me invade la tristeza al pensar el alto porcentaje de personas en desarrollo, que tienen algún problema de salud mental, y más triste aún me siento, cuando pienso que se podía evitar, sobretodo cuando esos pensamientos tienen un trágico final. Me desanima pensar, la de etiquetas que ponemos en los centros escolares a esas “personitas” (eres tonto, chistoso, payaso, listo, feo, guapo, etc..) y, no consideremos el daño irreparable que podemos hacer con una simple palabra. Por ello, animo a la reflexión a todo aquel que esté formando a una persona frágil, en el desarrollo de una vida súper valiosa. Que sea consciente del lenguaje que utiliza, para expresarse y, las acciones que se toman al respecto, que no tenga miedo de corregir a un igual , o a cualquier persona de la comunidad educativa. Tomar cartas en el asunto y, no dejar pasar el momento, ya que cierto es, que sólo con ese pequeño gesto, podemos cambiar el rumbo de la vida del pequeño individuo……..El principio de la educación, es predicar con el ejemplo.
Profesora de enseñanza secundaria en activo. Especializada en Inteligencia emocional, innovación pedagógica de enfoque restaurativo, comunicación no violenta, mediación, violencia machista en la etapa de secundaria, trastornos de la conducta alimenticia, conductas suicidas en la adolescencia, prevención de acoso escolar.
Belén Bueno Sánchez
Responsable del área de Docencia
Profesora de enseñanza secundaria desde el año 2001 y, en activo.

Ojalá algún día todos esos docentes abusadores y cómplices de niños matones comprendan el daño que provocan las palabras porque las palabras pueden matar, hurta en el futuro de los niños matan su alma aniquilan su espíritu y ya solo les queda el suicidio. Por mi hijo Alejandro que con 10 años y altas capacidades no fue atendido escuchado cuidado ni protegido en su centro y acabó tirándose por una ventana #stopacosoporalejandro
Idoya, estoy contigo, y lamento lo sucedido.
Es todo súper complejo, y ojalá pudiéramos hacer frente a tanto dolor.
No puedo imaginar, ni empatizar lo que sientes.
Simplemente, tenemos que luchar, para que no suceda más.
un súper abrazo, y si quieres nos vemos y aprendo de ti.
Belén
Falta mucha humanidad en la escuela, sensibilidad e incluso educación. Sobre el papel, todo son palabras bonitas, inclusión, respeto, diversidad… pero la realidad es otra, como en la misma sociedad.
Nací con una condición que es visible, por ella, me pegaban en el instituto ante la indiferencia de compañeros y profesores. Actualmente, estoy en mi último curso de docente, todavía de baja, por otras agresiones de odio que sufrí.
Dejo la docencia, después de dos grandes violencias en mi vida, una en la adolescencia y otra, hace dos años.
La dejo porque, digan lo que digan los protocolos, políticos o cientos de papeles. La escuela no es ese lugar afable o seguro que nos venden. Está cargado de realidad, la misma que hau fuera, de violencia gratuita y oídos sordos a esta.
He sobrevivido a dos intentos de suicidio, y no por querer morir, sino por no poder más con ese peso de la violencia de unos pocos y la indiferencia de la mayoría.
Muchas cosas no están bien, y jamás lo estarán mientras existan ojos que invisibilicen el sufrimiento ajeno.
Ojalá cambien las cosas para que las situaciones, tan duras, que describen en esta web, jamás vuelvan a repetirse.